LIBROS EROTICOS, DESCARGAR, CUENTOS Y LIBROS GRATIS


Literatura Erótica:     Para que sea cierto, no tienes que vivirlo. Sólo tienes que imaginarlo

Libros Eróticos

Soy Lulú. Bienvenidos a mi blog: http://www.libroseroticos.info. Estais invitados a compartir conmigo historias para adultos y relatos prohibidos. Cada semana iré añdiendo todas las picardías que mi pluma sea capaz de escribir para que puedas leerlas totalmente gratis y comentarlos en el canal de twitter @soy_lulu y en facebook.

En la columna de la derecha aparecen, sólo para los más osados, todas mis novelas. Atrévete a descargar cada una de ellas y siente mi corazón y mis travesuras en sus líneas.



Entre sus piernas

Relatos gratis -- Viernes, 21 de Febrero

Entre sus piernas

Levantó, temblorosa, la cabeza de la almohada y abrió los parpados apenas unos milímetros.

La escasa luz de las farolas de la calle se filtraba por las costuras de la cortina para permitirle ver, en blanco y negro, la escena de lo que estaba sucediendo.

Entre el paréntesis de sus piernas estaba él. No podía decir exactamente cómo, solo sabía que una combinación magistral, un movimiento perfectamente coordinado de sus dedos y su lengua, le proporcionaban un placer de inexplicables características.

Inspiró y expiró ruidosa y controladamente, concentrada en no tensar ni uno solo de sus músculos. Era el momento de sentir el oleaje del mar de sus entrañas, la brisa cálida del verano de su cuerpo, el bullicio del magma del volcán de su entrepierna.

Entrelazó los dedos en los rizos de su pelo y apretó, a la vez, los dientes y las manos en un arrebato, en un impulso, en un ataque de pasión y de locura.

- Cariño…

A los pies de la cama, el espejo del dormitorio mostraba, desde un punto de vista opuesto, el cuerpo desnudo de su chico trabajando con la boca el sexo de una mujer que podría ser cualquiera.

- Cariño… -jadeó desesperada, con la mirada perdida y una perversión en la retina- no quiero ser la única. Lo haces tan bien que quiero… –tenía la boca seca y el corazón acelerado- quiero que le comas el coño a otras mujeres, y quiero verlo.



Día de los Enamorados

Relatos gratis -- Viernes, 14 de Febrero

Día de los Enamorados

Hoy, día de San Valentín, desde LibrosEroticos.info quiero participar en la celebración de este día aportando mi granito de arena. A la derecha, en mi biblioteca, tenéis la posibilidad de descargar completamente gratis el libro “Ingredientes Afrodisíacos”. Una morbosa historia en la que una pareja… Bueno, ¿qué te voy a contar yo? Descárgatelo y descubre tú mismo los placeres ocultos de la cocina afrodisíaca.

A todos mis lectores, mis mejores deseos para el día del amor.

Pd: Por cierto, no olvides comprar un detalle a tu chica. No hace falta que sea el ramo de flores más caro del mercado o un abrigo de visón. Se trata de que la sorprendas con un pequeño regalo que la haga sonreír… Ya sabes cómo somos las mujeres.

Besos, felicidad y, sobre todo, Amor.



Nyotaimori

Relatos gratis -- Viernes, 7 de Febrero

Nyotaimori

Hoy, en el Relato Erótico de los Viernes tengo el placer de presentaros un fragmento del nuevo libro Nyotaimori. Este nombre hace referencia a una antiquísima tradición japonesa según la cual la temperatura perfecta para comer sushi es la corporal. Por ello, desde tiempos inmemoriales, el protocolo culinario del país del sol naciente requiere de la participación de un modelo que, desnudo, ofrece su cuerpo para portar sobre su piel los rollitos de arroz cocido.

Alba y Leo han estado en uno de esos restaurantes. La decoración oriental, la elegancia de los camareros, la calidad de la comida y otros muchos detalles los hicieron sentir que habían elegido el lugar perfecto para una cena. Sin embargo, la presencia durante la velada de un cuerpo desnudo frente a ellos alteró su equilibrio hormonal y…. Y hasta aquí puedo decir.

Disfruta del fragmento y si te quedas con ganas descarga el libro completo AQUÍ





- Dime una cosa –ladeó la cabeza y entornó los ojos con interés renovado- ¿Cómo se te ha ocurrido traerme aquí?

- Pues… Hemos comido en los mejores restaurantes de la ciudad. Buenas vistas, música en directo, comida exquisita… Y esta vez quería sorprenderte con algo diferente. –Posó las manos con infinita ternura sobre las de Alba y preguntó- ¿Lo he conseguido?

- Hombre…

La cara de Alba mostraba cierta controversia. Le apasionaba lo referente al país del sol naciente. Su gente, sus costumbres... Sin embargo, imágenes de “Memorias de una Geisha” se le vinieron a la mente y evocó la cara de la dulce Chiyo vendida y adiestrada en una okiya.

- Debo reconocer que cuando entramos pensé que se trataba de una broma de mal gusto. Al ver tanta carne… –dijo refiriéndose a los cuerpos desnudos- sinceramente me sentí desconcertada –se acercó cariñosamente a su chico para estamparle un cálido beso en los labios y añadió- y algo irritada. Pensé que se trataba de un club de alterne para chicos.

Su condición femenina la obligaba a mirar con reserva la participación de mujeres para jolgorio de los presentes. No por feminismo, se trataba de educación y armonía intelectual. Sin embargo, la posibilidad de elegir a un hombre sobre el que servir también la comida equilibró el desajuste y la ayudó a aceptar la experiencia como una forma más de conocer y acercarse al folclore del país de los samuráis.

- Siento haber dudado. De verdad, lo siento.

- No mujer, no tienes que disculparte. Desde luego este tipo de cenas no son habituales y tu conducta está más que justificada. Fue una apuesta arriesgada por mi parte. De hecho, aun estamos a tiempo de marcharnos… -los ojos de Leo miraron hacia la puerta considerando la posibilidad-.

- ¡No! –los mofletes de Alba se sonrojaron como los de una niña- ya que estamos… disfrutemos de la experiencia.

Se mordió la uña del dedo gordo y, a continuación, se acarició el cuello seductora y pensativa.

- ¿Cuántas veces voy a tener la oportunidad de ver a un hombre desnudo? Uno que no seas tú.

Un nuevo y cálido beso acercó aun más las posturas. Estaban indiscutiblemente enamorados y se miraron con la placentera sensación de quien supera por amor todo tipo de obstáculos.

Entrelazaron los dedos y observaron en silencio la decoración de la estancia. Había un centenar de detalles que se les habían pasado por alto a primera vista. La combinación de beige, rojo y marrón wengué en las mesas y paredes daba seriedad y distinción a la decoración. Bambú, farolillos y cuadros de paisajes adornaban los rincones. La vestimenta de los camareros, la iconografía de la escritura y la música tradicional japonesa los hacía sentir en un céntrico barrio de la mismísima ciudad de Tokio.

La luz tenue y amarilla permitía disfrutar de una velada íntima y, a pesar de que podían ser vistos desde el resto del restaurante, el ambiente los hacía sentir morbosamente aislados.

- ¿Has visto la pareja que tengo a mi derecha? –Preguntó Leo pellizcando la minifalda de Alba por debajo de la mesa-. El tipo ha cogido una porción de sushi que estaba sobre el pecho de la modelo. Se le ha caído un poco de arroz y, sin dudarlo dos veces, se ha incorporado y lo ha cogido con la boca chupando con descaro el pezón.

- ¿Y por qué pones esa cara de envidia? –Alba empezaba a sentir que todo aquello podía ser más divertido de lo que había imaginado-.

- Porque… no sabía que se podía, pero ahora que lo sé…

- Ahora que lo sabes –la sonrisa de Alba brilló pletórica con el irónico comentario en los labios- puedes chuparle el pezón al modelo, ¿qué diferencia hay?

- ¿A un hombre? –Se puso el dedo en la sien y lo hizo girar- No estoy tan loco como piensas. Además, si no es con pan –bromeó y torció la boca desestimando la idea- no me gusta rebañar los platos.

- Ok –la voz sonó chistosa- yo me encargo de las migajas.

Alba se limitó a sonreír y volvió la vista hacia la mesa de la derecha. Se imaginó a si misma cogiendo con la boca los restos de comida del cuerpo de un chico y un cosquilleo le subió por las piernas.

- ¿Y si es muy, muy guapo? –insistió-.

- Alba, cariño, ni guapo ni feo. –Negó rotundamente con la cabeza- Esta noche –añadió con gracia- si no hay pan, nada de migajas.

- Pues yo, cuanto más lo pienso… –sabía que aquellas palabras podían molestar a su chico y, antes de seguir, lo besuqueó con ardor- Cuanto más lo pienso, más cachonda me pongo.




La chica de la webcam (Fragmento)

Relatos gratis -- Viernes, 31 de Enero

Fragmento del libro "La chica de la webcam"

Volvió a la página principal de Google y, sin querer, presionó la tecla X.

Una media sonrisa se dibujó en su cara al darse cuenta del error. Podía haber tocado cualquier otra pero la casualidad puso una solitaria X en la pantalla que, en su insignificancia lingüística, abría de par en par una nueva puerta para el entretenimiento de la noche.

Clavó la vista en la pared buscando las palabras clave que definieran exactamente lo que sentía. “Muchas chicas” puso para empezar. “Calientes”, “Muchas chicas calientes”. Un escalofrío le recorrió la espalda y añadió “Cibersexo”.

Ver sexo por internet era una actividad frecuente en sus noches solitarias. Entrar en los chats y buscar conversación y algo más, también había formado parte de alguna de sus nocturnas necesidades. Pero contactar con una chica que hiciese webcam de pago, le había parecido impropio para su economía.

“Tampoco debe de ser tan caro, ¿no? –Preguntó en un gesto de auto convencimiento-. Además, ¿qué otros gastos tengo yo?

“Chica amateur” añadió pensando en que si no era profesional sería más barata, y completó finalmente “chica amateur webcam”. Se mordió los labios y tensó las piernas en un ejercicio nervioso que delataba su estado emocional. Presionó la tecla enter y el buscador desplegó, de diez en diez, las dieciséis millones de páginas que respondían a la definición.

Leyó cuidadosamente el nombre de cada web hasta que sus ojos eligieron. “Paty4U.com. Soy una chica muy morbosa y exhibicionista… Me vuelve loca que me miren…” La definición lo sedujo.

- Vamos a ver a la morbosa Paty.

La web, de amarillo y negro, la presidía una pantalla de cine en la que, con descaro, la que debía ser Paty, se contoneaba mostrando sutilmente sus encantos. “De Madrid, 32 años y bisexual”.

- ¡Vaya pedazo tía!

“Fotos en mi casa, en el probador, en la terraza… Colegiala traviesa, Pelirojasexy” El despliegue de sexo y perversión que llenaba de principio a fin la pantalla le agitó el ánimo como a una botella de refresco, y sintió las burbujas del ácido carbónico subirle cosquilleando por la espalda.

“¿Quieres jugar conmigo?” Casi al principio del blog, bajo la pantalla de cine, la pregunta disparaba directamente al corazón de sus necesidades masculinas. “Puedes verme en mi webcam porno, haz clic aquí”.

La falta de contacto con mujeres en los últimos meses le hizo sentir una llamarada de fuego asándolo por dentro. Movió el ratón hasta que el puntero señaló la opción de ver a Paty en directo. Dudó y se llevó las manos a la cara sopesando, en el último instante, si estaba dispuesto a semejante experiencia. Se acarició la barba descuidada y chasqueó la lengua con fastidio.

- Con estas pintas…

Estaba deseando masturbarse y, de hecho, iba a hacerlo con absoluta seguridad. Se pasó, otra vez, las manos por la cara y comprendió que no estaba presentable para galantear con nadie. Imaginó la mala imagen que ofrecería desde este lado de la webcam y se avergonzó de su dejadez.

Ojeó de nuevo las fotos. El estímulo que le produjeron era suficiente. Subió hasta la pantalla de cine donde Paty se contoneaba y se desabrochó el pantalón.

- Me temo que hoy no puede ser –dijo en voz alta-, pero tú y yo tenemos una cita pendiente.

Se levantó, bajándose los pantalones. Puso, sobre la mesa, una servilleta de papel y apuntó con el pene hacia abajo para asegurarse de que el semen cayera sobre ella. Sin más, empezó a movérsela continua y cariñosamente con la imagen de Paty entre las cejas.



Entre las sombras

Relatos gratis -- Viernes, 24 de Enero

Entre las sombras

A altas horas de la madrugada y en pleno centro de la ciudad, una calle vacía por la que da miedo pasar. En ella un tipo duro, con los brazos tatuados y un pitillo en los labios, espera, oculto entre las sombras, una tierna gatita, solitaria y necesitada como él:

Al notar que me miraba, un frio glacial me heló la sangre. Bajé la cabeza y aceleré el paso. El taconeo del corazón me retumbaba en los oídos más que el de los zapatos y recé lo único que sabía. Pero hay cosas para las que el destino no tiene solución y me vi, desde el primer momento, desnuda y a las órdenes sexuales de aquel desconocido.

Levantó a penas el brazo y me mostró la palma de la mano. El gesto, bien lo sabe dios, ofrecía más ternura que agresividad, pero la rotundidad de su presencia me petrificó y paré a dos metros escasos de él.

“Soy virgen -exclamé con precipitación e inocencia- y a penas llevo dinero”.

Se acercó despacio y me olió como lo hacen los perros. Era, bajo la barba, salvajemente atractivo y algo en sus ojos brillaba con naturaleza animal. Una camisa manchada y vieja dibujaba los hombros rectos y el vientre escaso.

Me temblaron las piernas y el alma cuando sentí su mano acariciándome la cintura. Después, me tomó agresivamente del brazo y me resistí lo justo para dejarlo hacer. La noche tiene rincones oscuros que invitan a pecar. Y allí, bajo la luz fundida de una farola, sentí sobre el mío el pesado cuerpo de un hombre y, en su epicentro, la erecta torre de babel.

Aparté la cara, cerré los ojos y abrí las piernas. “Despacio –rogué-. Si vas a hacerme lo que quieras –gemí incendiando con mi aliento lo más fogoso de su ser- al menos házmelo bien.



Ingredientes Afrodisíacos

Relatos gratis -- Viernes, 17 de Enero

Ingredientes Afrodisíacos

La próxima semana verá la luz el quinto libro erótico de mi pequeña colección. Lleva por nombre “Ingredientes Afrodisíacos”. En él podrás disfrutar de una cena romántica entre Julia y Alex. La noche se presenta magnífica, morbosa y, aunque ellos aun no lo saben, llena de imprevistos.

Hoy, en el Relato Erótico de los Viernes, me complace presentaros las dos primeras páginas de la excitante cena.

Ni que decir tiene que agradezco enormemente a Mamen, dueña de Lascomidicasdemamen.com, que me haya permitido hurgar entre sus cosas y fantasear con los efectos afrodisíacos de su “Receta para enamorar”. Desde aquí, un beso enorme.

Sin más, os presento a Julia. Protagonista y piedra angular de la obra:



Miró el reloj y comprobó que no eran más de las seis de la tarde. Repasó, antes de salir de compras, cómo se preparaba la “receta para enamorar” del blog de cocina para asegurarse de que no se le escapaba ningún detalle.

Aguacate, gambas, cebolla, apio, anacardos, frambuesas y chocolate. Tomó nota en la libreta de recetas que tenía en la estantería de la cocina y, en otro papel, apuntó los ingredientes que le faltaban.

Le encantaba cocinar y esa noche tenía un interés especial en dedicarse en cuerpo y alma a la seducción de su novio. Nunca antes se le había ocurrido cautivarlo a través de la comida. Ni siquiera sabía si era cierto que los ingredientes afrodisíacos estimulan la libido. Pero ¿por qué iba a ser falso? Afrodita, diosa griega de la belleza, el amor y el sexo de la que deriva el nombre, no podía estar equivocada desde tiempos inmemoriales.

Un calor le sonrojó las mejillas y le subió la temperatura de las ideas. Se imaginó a sí misma como a la perversa protagonista de una película. Durante la cena, sentada frente a él, comprobaría cómo con cada cucharada de brebaje la excitación de su amante lo obligaba a mirarla con lujuria y necesidad.

Le extasió la idea de sentirse tan deseada y con una pícara sonrisa en la cara añadió “Las comidicas de Mamen” a favoritos, apagó el ordenador y salió corriendo hacia el supermercado más cercano.

Puso todo lo que necesitaba en la cesta de la compra y, antes de pasar por caja, se acercó a la zona de vinos para acompañar las viandas con un buen caldo. Dudó entre tinto, blanco y dulce. “Los tres” se dijo solucionando rápidamente la cuestión. Protos, desde la Rivera del Duero, y Málaga Virgen, desde el sur de España, darían el toque perfecto a una romántica noche de enamorados.

Al volver a casa, soltó las bolsas en la cocina y subió corriendo a darse una ducha. Había decidido ponerse guapa antes de cocinar. Al fin y al cabo la receta era sencilla y no requería de un gran esfuerzo. En el peor de los caso, el delantal la protegería de manchas y salpicaduras.

Buscó 21 de Adele en su colección de música y subió el volumen más de lo debido. En contra de su propia costumbre de dilatar el tiempo en el baño, optimizó cada detalle y más pronto que tarde se plantó en su habitación envuelta por una pintoresca toalla que dejó caer al suelo para mirarse presumida ante el espejo.

Julia no era demasiado alta. Un metro con sesenta centímetros separaba la coronilla de la planta de los pies. Pechos y caderas generosas daban a su cuerpo una feminidad XL que, en los rituales de cortejo, le habían facilitado conquistas de gran nivel. Alex, su novio, a propósito de hombres guapos, era el más atractivo de los que había conocido. No en vano, trabajaba para una agencia de modelos.

Se recogió los rizos del pelo en una cola alta que dejaba el cuello al descubierto. Eligió un conjunto negro de tanga y sujetador y se embutió en un ajustado y provocativo vestido de noche que realzaba sus encantos y sus grandes ojos azules.

Julia tenía labios carnosos, piel de muñeca y sonrisa permanente en la mirada. Llevaba años trabajando en el mundo del diseño de la alta costura y siglos embaucando con un guiño, y por cientos, a los clientes de su empresa. Alex, su novio, apareció una buena mañana de mayo con sus medidas perfectas ofreciendo sus servicios de pasarela.

- Aquí solo trabajan costureras, pero con esas hechuras hay otras muchas cosas para las que puedes serme de gran utilidad.

Aquellas primeras palabras no amedrentaron a un hombre tan guapo que, por su belleza, acostumbraba a escuchar piropos de dos en dos por las esquinas, pero sirvieron para que una campanita le hiciera “tilín” y empezaran una relación que se alargaba, hasta el día de hoy, durante tres largos años.

Se perfumó el cuello con Flowers by Kenzo y bajó a la cocina dispuesta a preparar la mejor receta del mundo. Puso el iPad junto a la hornilla y tecleó de nuevo lascomidicasdemamen.com. Extendió los ingredientes sobre la encimera y releyó los pasos a seguir. En primer lugar, prepararía el canelón con las tiras de aguacate. Peló y picó las gambas, y añadió a la sartén la cebolla y el apio para el sofrito.

Un escalofrío le subió por las piernas al imaginar a su novio ardiendo en la llama del deseo. A pesar de lo cual, cómo la señorita que era, durante la cena tendría que comportarse con normalidad. Sutil en las caricias y palabras, en las risas y los guiños, pero sin perder de vista la erección que ya podía imaginarse vertical, majestuosa e indisimulable bajo el pantalón del pijama.



Yo 20 y él 40

Relatos gratis -- Viernes, 10 de Enero

Yo 20 y él 40

Tomé, frío por la espera, el último trago de café y miré de nuevo hacia la puerta. Habían pasado diez minutos de la hora prevista y tuve entonces la impresión de que ya no vendría.

Llevaba, como habíamos acordado, el pelo suelto, bolso de mano, zapatos de tacón y el vestido, cortísimo y ajustado a mis curvas, como a él le gustaba. Tal vez, demasiado atrevida para una cita a las seis de la tarde.

“Mala suerte” pensé mientras planeaba la mejor manera de salir de allí. Inspiré y cerré los ojos buscando consuelo.

- Buenas tardes señorita.

El susurro, a mi espalda, interrumpió mis pensamientos y me envolvió haciendo que se me erizara cada centímetro de piel. Esperé, inmóvil y sin decir palabra, la señal definitiva.

- Si hay en el mundo mujeres bonitas
Deben serlo, niña,
Porque se parecen a ti.

Era la tercera vez que quedaba con él y el tercer verso que recibía como regalo.

Estaba casado y me doblaba la edad. Motivo por el cual mi juventud, mi atrevimiento y excitación multiplicaban su significado.

Me volví con una sonrisa tierna y mil besos en la recámara. Lo saludé con elegancia y protocolo, y le ofrecí la mano y mis ganas de salir corriendo a la habitación del hotel de siempre.

Negó con sutileza y tomó asiento a mi lado.

- Hoy, déjame que te coma solo con los ojos.
Con lo que me provocas… me conformo.

Aquellas palabras de la canción de Toni Zenet me encendieron el alma haciéndome sentir atractiva y deseada. Guiñé, agradecida, y acepté.

Siempre pensé que a los cuarenta los hombres se arrugan y estropean. Que las canas envejecen y arruinan lo que pudo haber en otros tiempos. Pensaba que los mayores viven detrás de una línea negra que separa la diversión de lo soporífero. Eso fue lo que siempre pensé y lo que ahora me preocupa.

Él es un galán de belleza atemporal del que, estoy segura, todas las mujeres caen enamoradas a su paso. Pero me ha elegido a mí. Inocente, joven y fogosa.

Miré interrogativa hacia el baño en un gesto inequívoco de sexo. Sabía de antemano la respuesta pero la propuesta me salió urgente y necesaria.

Sonrió de aquella forma irresistible con el que se derriten los helados en verano y extendí bajo la mesa mis intenciones hasta llegar a sus muslos.

- Que no se te ofendan los ojos pero… -puse mirada de gata y maullé mi necesidad- estoy deseando que me comas a mordiscos.

El camarero, inoportuno, preguntó si necesitábamos algo sin retirar la mirada de mi escote.

- Necesitada, necesitada… -dije mientras negaba con la cabeza- no estoy. Pero me encantaría… -quise cruzar las piernas a lo Sharon Stone pero no me atreví, así que cerré los ojos y gemí en sentido estricto-.

- Gracias. –Dijo mi amante con su voz rotunda y masculina- La señorita y yo vamos a tomar dos copas de Martini cuando volvamos del baño, que si usted me indica…

Me tomó de la mano al límite de lo ordinario y me llevó en volandas hasta el pasillo que separaba en dos nuestros destinos.

- ¿Dónde prefieres que lo hagamos?

Le llené la boca de besos antes de contestar. Sonreí con los ojos llenos de la picardía que él me adoraba.

- ¿Dónde? En los dos, uno en cada lado.



For woman

Relatos gratis -- Viernes, 3 de Enero

For woman

Extendió sobre la cama el vestido y la ropa interior que consideró, por la sensualidad que derrochaban, oportunos para la ocasión. Volvió al cuarto de baño y tomó del neceser el lápiz de labios. Se plantó frente al espejo, mirándose frente a frente como lo hacen dos personas que tienen algo importante que decirse.

“Ayer superaste la barrera de los treinta. Y… mírate, –dijo usando el mismo tono con el que se dicen las cosas las amigas verdaderas- eres guapa, divertida e inteligente. Trabajadora y cariñosa. Adulta y responsable. –Bajó la mirada y el tono de voz, y añadió- Soltera y sin compromiso”.

“Todo el mundo necesita un poco de sexo. –Levantó las cejas tratando de darse la razón- Si hay demanda, tiene que haber oferta. Es ley de mercado, tú ya lo sabes”.

Claro que lo sabía. Todo el mundo lo sabe. Los productos están ahí, en las estanterías de las tiendas, para satisfacción del consumidor. “Pero no es lo mismo comprar un kilo de tomates que pagar por los servicios de un hombre” –respondió su otro yo, el de este lado del espejo, el más cobarde-.

“Venga, no seas tonta. Sal a la calle y ve a por lo que necesitas. Los prejuicios son para los débiles”.

Apretó los puños y sintió cómo un escalofrío le subió por la espalda. Afirmó, no estaba convencida pero afirmó.

“¿Sabes lo que te digo?, –un silencio aguardó la respuesta- que lo voy a hacer. No se hable más. Tienes razón, lo hago y lo hago. Y si no me gusta no lo hago más. Punto y final”.

Sacó la tarjeta de su bolso y tecleó en el móvil el teléfono de club. Deseó que fuese un contestador automático el que hiciese las reservas y se mordió la uña mientas esperaba respuesta, pero fue la voz de un hombre la que sonó después del varios tonos de llamada.

- Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarla?

Tragó saliva y cerró los ojos con fuerza. Quiso explicar que no tenía novio y por eso se vio en la obligación de llamar. Pero que era la primera vez, que ella no era una buscona y que el sexo no debería ser algo ocasional sino el resultado de una relación de amor y respeto entre dos personas. Eso fue lo que quiso decir. Pero los segundos pasaban, el chico esperaba al otro lado del teléfono y entendió, en un instante de lucidez, que no había llamado al confesionario de la iglesia. Levantó los ojos y se miró de nuevo en el espejo. Se pidió disculpas por las dudas y tomó aire decidida:

- Si. Mi nombre es Natalia y quiero una cita para esta misma tarde.

-----------

Dos horas después el taxi la dejó, por discreción, en la esquina de la calle en la que las luces rosas de neón del Night Club para mujeres definía, con grandes caracteres, la naturaleza de su existencia: For Woman.

Estaba nerviosa y el corazón le latía a tropecientas pulsaciones por minuto. Subió con paso acelerado y firme el pequeño tramo de escaleras de la entrada y miró al frente con la fuerza interior que solo la adrenalina de los momentos especiales es capaz de generar.

La recepción, como si de un hotel se tratase, estaba exquisitamente decorada. Le sorprendió la música de fondo, las orquídeas y el dulce olor a caramelo. Los tonos pastel de las paredes daban a la estancia una claridad que contrastaba enormemente con la imagen que tenía de los puticlubs a los que acuden los hombres.

Miró hacia la recepción en la que, con ojos claros y paciencia en el gesto, un tipo guapísimo esperaba el momento de entablar conversación. Una camisa azul marino apenas abotonada y la blanca luna de una sonrisa perfecta le hizo sentir que el suelo desaparecía bajo sus pies.

- ¿Qué puedo hacer por una señorita tan guapa como usted?

Devolvió serenamente una sonrisa, disimulando el nerviosismo y el ardor de mujer necesitada que la condujo hasta allí.

- Tengo cita –balbuceó apenas-.

- Envidio al afortunado –abrió el libro de visitas mientras la miraba con descaro de pies a cabeza-.

- Afortunados, en todo caso. He contratado servicio doble.



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